Dar con una información contrastada, veraz y completa es posible

La tecnología ha permitido acumular más datos de los que necesitamos y más información de la solicitada. Un mundo hiperinformado que dificulta discernir la información veraz. Pero no está todo perdido.

Raquel González

No pude evitar esbozar una media sonrisa al leerlo. Un soplo de aire fresco. Una buena noticia por fin en medio del habitual caos post pandemia al que asistimos en los últimos tiempos. Schumacher salía del estado de coma en el que se encontraba desde diciembre de 2013, cuando, aquel fatídico día de esquí, lo dejó postrado en una cama tras sufrir un gravísimo accidente, y se levantaba por su propio pie. Unas líneas más adelante y varias noticias contrastadas después, me cercioré de que solo era una ilusión. Otra fake new. Una vez más, el poder de la desinformación haciendo acto de presencia…

Vivimos inmersos en datos, en un mundo hipercomunicado. En cualquier conversación cotidiana, lo que no sabemos, lo buscamos inmediatamente. Leemos titulares y más titulares, pero no tantas veces nos detenemos a profundizar en el resto del contenido. Hipersaturados, hiperinformados, y otras tantas no tan bien informados, nos refugiamos en la comodidad de ese “colchón” en el que nos hemos instalado para sentir seguridad y controlar así un mundo que va a mil revoluciones, sumiéndonos, muchas veces, en apatía para querer profundizar más allá.

 

El poder de contrastar fuentes

Hay muchas formas de recibir información, todo depende del interés. Así, encendemos la televisión cuando nos llama la atención un tema, consultamos periódicos locales, escuchamos la radio, miramos en Internet, buscamos más en libros para ampliar conocimientos sobre la cuestión en particular… Nos convertimos, en definitiva, en personas expertas. ¿Por qué? Porque hemos multiplicado las fuentes de información, de modo que conocemos los hechos, opiniones y debates sobre el tema.

Pensemos ahora en un ejemplo ilustrativo para el caso, referido al ocio esta vez, como es la cantidad de series, documentales y películas que nos brindan las plataformas de entretenimiento. Hay tantos contenidos, que no podríamos abarcarlos en una vida…

Nos encontramos pues, ante un panorama de hiperinformación, en el que la tecnología ha permitido acumular más datos de los que necesitamos y más información de la solicitada.

Sucede además que, aquello que contradice nuestros pensamientos más arraigados, tiende a desecharse, con lo que, de este modo, es fácil adivinar que solo así sintamos inclinación por ahondar, recabar y ampliar información sobre lo que nos identifica de manera más profunda.

En esta línea y, tal y como revela un interesante estudio desarrollado por Nicholas Rabba, Cognitive cascades: How to model (and potencillay counter) the spread of fake news, que se publicaba el pasado 7 de enero en la conocida revista científica PLoS ONE, las creencias preexistentes de las personas pueden influir fuertemente en el modo en que estas aceptan una nueva información. Así, según los investigadores, muchas personas rechazan información fáctica y respaldada por evidencias si esta información les lleva demasiado lejos de las creencias que tienen asumidas. Tan es así que, en este estudio, desarrollado sobre la base de la pandemia del COVID-19 en Estados Unidos, se concluye que “los trabajadores de la salud nos han puesto sobre pista de la fuerza que tiene este efecto, observando que algunos pacientes que fallecen por COVID siguen aferrándose a la creencia de que la enfermedad nunca ha existido”.

No nos engañemos, las líneas editoriales existen desde los albores del periodismo. Selección de autores, columnistas e incluso entrevistados y, en definitiva, intencionalidad de sus publicaciones y reacción frente a los hechos, quedan definidos en el enfoque habitual y tratamiento de noticias diarias. Sin embargo, esto no debería ir reñido nunca con un buen tratamiento de información, titulares que cumplan con lo relatado en el cuerpo de texto y, por supuesto, datos contrastados. Escoger qué resaltar, cómo hacerlo y dónde profundizar es perfectamente lícito. Está en nuestro tejado aprender a manejar todos estos datos e informaciones que se nos presentan.

¿Cómo salimos de este atolladero?

Lógicamente, como seres humanos racionales que somos, buscamos aquellos medios que más se adecúen a nuestra realidad, donde nos sentimos seguros y a salvo en nuestro mapa mental. Sin embargo, ¿es esto autoengañarse? ¿Cómo podemos mantenernos informados de la manera más objetiva posible?

Encontrar el camino de la verdad -eterno debate de los filósofos desde la Antigüedad- desde el punto de vista informativo, debe pasar por revisar cuál es nuestro proceso para consumir noticias. En otras palabras, ¿qué hacemos para estar informados?

  • Educación en redes. Hágase la luz. No está todo perdido. Aún hay algunas cosas que pueden arrojar luz e iluminar el abrupto camino hacia una información de calidad. He aquí algunas de ellas:
  • Contrasta fuentes , noticias y opiniones ante una noticia o información, por distintas a tu línea de pensamiento que puedan resultar.
  • Consulta, amplía datos, empápate de pensamientos diversos: en la variedad está la información más completa y alejada del terreno de la subjetividad y las creencias absolutas.
  • Fomenta el hábito de la lectura de artículos, libros, entrevistas, columnas, informaciones paralelas al hilo de los temas de tu interés… Sí, sabemos que vamos con prisas, pero, concedámonos un tiempo para relajarnos y leer desde la tranquilidad. Solo así podremos asimilar y ahondar en lo que tenemos delante. Si da tiempo para un café en medio de la mañana, da tiempo para acompañarlo de una lectura que te interese…
  • Desconfía de titulares ambiguos. Es de lo que se valen los medios con dudosa ética: apelar a las más bajas artimañas para captar la atención. Rechaza pues, titulares que recurren a las altas expectativas, hipérboles, e incluso, signos de exclamación. Por sus expresiones los conocerás: “No vas a creer lo que…” “Lo que vas a ver ahora te sorprenderá”, “Increíbles declaraciones de…”. Mentiras, mentiras y más mentiras.

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Una última nota interesante

La tendencia al alza de youtubers o streamers está cambiando el clásico panorama de emisor-receptor más o menos pasivo (unos realizan su contenido en directo emitiendo a una hora concreta y los segundos lo crean en diferido, lo editan más o menos concienzudamente, y después publican en redes para poder verlo cuando se desee). Ambos, ávidos de tratar de encontrar la máxima objetividad- si es que esta puede existir- se dedican a desglosar informaciones, contrastar, comparar, comentar y, en definitiva, ofrecer a los usuarios una manera sencilla de consumir información y generar debate sobre los temas más actuales.

Un mundo en el que la información tenga el tratamiento que merece, donde se dé cabida al sano debate, a las opiniones diversas, donde haya justicia entre lo que se adelanta en el titular y lo que el contenido ofrece. Es posible, sí, pero debe nacer de nosotros mismos ser críticos y encontrar las fuentes, herramientas y métodos para distinguir las informaciones perniciosas de aquellas que aportan verdad. Que se lo digan a Corinna Schumacher, que no da un paso en falso y se mantiene fiel a custodiar escrupulosamente toda información o dato acerca del estado de salud del kaiser. Un silencio solo roto con esporádicas y escuetas afirmaciones y con un documental sobre la vida del piloto de F1 que hace unos meses vio la luz en Netflix. Hermetismo en estado puro, sí, pero salvaguarda de la verdad, también.

Ojalá pronto podamos leer muchos titulares y noticias contrastadas y veraces informando como corresponde de una pronta recuperación. Ojalá.

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